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 DIVULGACION
Artículos de Divulgación en Astronomía

 

 RIESGO ESPACIAL

por Antonio Sánchez Ibarra

Marzo 25, 2002

Además de ser una generación privilegiada, al haber observado los impactos del Cometa Shoemaker-Levy 9 sobre el planeta Júpiter en julio de 1994, nuestros sentidos fueron alertados al finalmente contemplar algo que ha sido parte de la historia del Sistema Solar y representa un riesgo permanente para el planeta Tierra.

Con una edad próxima a los cinco mil millones de años, los impactos en los diversos cuerpos del Sistema Solar han sido numerosos y basta con observar la superficie de nuestro satélite natural, la Luna, para ver las huellas que persisten ante la ausencia de una atmósfera que borre tales marcas.

La Tierra no ha estado exenta de tales impactos. A lo largo de todo el planeta persisten cráteres erosionados que nos indican los mas recientes impactos recibidos. Uno de ellos, no muy lejano a nosotros, se encuentra en las cercanías de Flagstaff y el Cañón del Colorado: el cráter del meteoro Berringer producido hace 49 mil años.

Pero mas allá del hecho de tener cicatrices como cráteres, están los efectos sobre la vida en nuestro planeta. El capitulo mas conocido al respecto es el ocurrido hace aproximadamente 65 millones de años y que se supone llevo a los dinosaurios a la extinción.

La Tierra recibe constantemente polvo meteórico del espacio. Los cometas, al paso de sus orbitas, dejan un remanente de material que en algunos casos es interceptado por nuestro planeta produciéndose las populares "lluvias de estrellas" o lluvias meteóricas como es su nombre correcto. La mejor recientemente observada fueron las Leonidas el 17 de noviembre del 2001.

Sin embargo, en ocasiones meteoritos de mayor tamaño, del orden de metros, tienen un mayor efecto al colisionar con nuestro planeta. El ultimo registrado, de 5 metros, colisiono el 18 de enero del 2000 en el Rió
Yukon.

Meteoritos mayores, con diámetros de kilómetros sin llegar a la decena, pueden tener efectos sobre grandes regiones. Sin embargo, aquellos con tamaños mayores a los 10 Km. son los que representan un riesgo de extinción para nuestro planeta.

A partir de 1994 cuando se observaron los impactos en Júpiter, varios programas conocidos como NEO (Near-Earth Object) comenzaron a vigilar el cielo y tratar de reconocer las orbitas de muchos asteroides que se pueden aproximar peligrosamente a nuestro planeta. Muchos de ellos han sido vistos una vez que se aproximaron a distancias tan cercanas como solo dos veces la de la Luna a la Tierra.

Lo cierto es que el impacto de un NEO con mas de 10 Km., ocasionaría un "invierno nuclear", oscureciendo gran parte de nuestro planeta, evitando la fotosíntesis y enfriándolo. Esto en gran medida por el polvo y humo que asciende a la atmósfera evitando el paso de la radiación solar y ocasionando así la extinción de gran parte de las formas de vida en nuestro planeta.

La realidad, a diferencia de aquellas pelicular como Impacto Profundo y Armageddon, es que no contamos con un sistema de defensa que permitiera evitar tal catástrofe.